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Hay entre ellos filólogos, licenciados en Derecho, indecisos, buscadores de futuro, “una jardinera que enfila collares en morse”, adoradores de Baudelaire, poetas hechos y derechos, poetas incipientes, pero todos ellos trabajadores del poema, exploradores de la palabra, detectives del lenguaje. Y los veintidós ya han visto su obra publicada.
Afortunadamente, no hay un criterio estético entre ellos, porque además, Madrid lo absorbe todo. La selección de poemas está cuidada y bien vale esta antología si con ella se dan a conocer todos estos nombres que consideran que todo es poesía menos la poesía, pues es difícil dar con ella.
De los poemas se desprende que son jóvenes, airean la palabra y el concepto, van al grano y la lectura es cómoda y sugestiva, no hay plomazos. La autora del prólogo, la escritora Espido Freire, señala: “Escriben con un empeño amedrentador, con la misma naturalidad con la que una planta realiza la fotosíntesis, alimentándose de agua, aire, tierra y venenos. Y leen luego, trasmiten de voz en voz los versos trazados en cuadernos sin rayas, en libretas cuadriculadas, en blocs de ideas.......". Los seres humanos dependemos del amor de los poetas. |
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